RUTA AL DESPOBLADO DE SALVANÉS

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Villarejo de Salvanés luce el nombre heredado del primitivo asentamiento que se situaba bañándose de las aguas del arroyo de San Pedro disfrutando de la fertilidad de uno de los enclaves más agrestes de este sector madrileño, fuertemente influenciado por la proximidad de las vegas del río Tajo y del Tajuña donde tradicionalmente se vienen cosechando hortalizas de gran calidad.

Sus moradores se trasladaron dejando despoblada la zona en los siglos XIII-XIV después de años de luchas, invasiones, rapiñas, quema de cultivos, razias Almorávides. Desafiando al tiempo, los restos de San Pedro se levantan ante del valle de Salvanés (actualmente denominado Valle de San Pedro) dejando constancia del lugar en el que se situó la iglesia iglesia medieval levantada en mampostería, con dos naves y dos altares. Anexa a ella se encontraba la casa del santero, una figura que permaneció cuidando la ermita hasta bien entrado el siglo XIX.

En las laderas del Valle se pueden encontrar diseminadas un buen número de cuevas que han servido desde antiguo como morada de agricultores y aprisco para ganaderos.

Desde ese punto podemos contemplar el paraje de la la Atalaya, un monte de forma cuadrangular que despunta a 656 metros. Allí hasta hace poco se podían encontrar los vestigios de una antigua torre de vigilancia que completaría de una la serie de torres de origen musulmán próximas al Tajo, entre las que también estaban Alharilla, Alboher y Oreja, lugares decisivos para el control de esta zona fronteriza que pasarían a ser dominio de la Orden Militar de Santiago.

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