La Casa de la Tercia

La sede de la Encomienda Mayor de Castilla.
Una casa para la Orden Militar de Santiago.
Centro económico de una Encomienda.

PUNTO EXTERIOR

Situada en un lugar estratégico del antiguo Camino Real de Valencia, La Casa de la Tercia, también nombrada como "Casa de la Encomienda" hasta bien entrado el S. XVI, cumplía funciones administrativas y económicas ya que desde aquí se cobraban los impuestos a los viajeros y comerciantes que por allí pasaban, y un tercio de estos impuestos (que solían pagarse en especie) se acumulaban en sus instalaciones para uso y disfrute de los comendadores, como símbolo del poder de La Encomienda Mayor de Castilla, pues no en vano, en Villarejo , se situó la cabeza de dicha Encomienda.

Su imponente fachada, robusta, con pocos vanos, y coronada con una especie de frontón o pieza triangular que corta las aguas de los tejados, ya nos da pistas de que se trata de un edificio de índole político-económico. Sobre el arco adintelado del portón de entrada, compuesto por grandes sillares, podemos encontrar el escudo Real de la Casa de los Austrias, y el escudo de armas de la Casa Zúñiga y Avellaneda, por lo que es muy probable que el Comendador Don Juan de Zúñiga y Avellaneda fuese el patrocinador de esta construcción, entre 1534 y 1545.

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Primera planta. Granero (sala de exposiciones temporales)

El ala oeste de La Casa de la Encomienda, contenía la parte más funcional del edificio, y en la primera planta podemos encontrar lo que fue el inmenso granero en el que se guardaban los impuestos pagados en especie por los viajeros y comerciantes procedentes del Camino Real de Valencia.

El edificio en sí, es un claro vestigio de las vicisitudes históricas por las que ha pasado, testigo del golpe de estado fallido del General Prim en el siglo XIX, podemos encontrar una placa que se hace eco de este acontecimiento por el que se comenzaba el proceso para conseguir la Soberanía Nacional, ya que La Casa de la Tercia fue el lugar elegido para reunir las tropas de los cuarteles militares que habían sido convocados para tal efecto.

Durante la Guerra Civil el edificio fue incautado por la CNT y sirvió como hospital de sangre, y ya en los años 40 fue adquirido por diferentes familias tras ser divido en cuatro lotes.

Hoy en día funciona como sala polivalente y acoge multitud de exposiciones temporales. Sin duda, se ha convertido en referencia cultural y artística del municipio.

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Interior. Planta baja. (Zaguán, recepción y Museo Etnográfico (bodegas).

Tras recorrer el Zaguán de entrada, en las jambas de la portada podemos comprobar que se conserva el hueco que ocupaba la tranca del portón.

Accedemos a un patio interior columnado, claro ejemplo de arquitectura castellana. De las ocho columnas que soportaban los balcones corredizos, tan sólo cinco, están a nuestra disposición visual. En el s. XIX (1875) con la Desamortización de Mendizábal, todos los bienes religiosos fueron subastados públicamente, y este edificio no corrió diferente suerte, por pertenecer a la Orden Militar de Santiago desde su construcción. El edificio completo fue comprado por la familia Rivera, que la tiene en su poder hasta los años 40 del s. XX, y aquí es traspasada en 4 lotes a diferentes familias. Aunque el ayuntamiento ha recuperado la parte visitable del mismo, lo que fueran las celdas de los Freires de la Orden Militar de Santiago, cocinas, horno y aula de gramática, siguen siendo viviendas y propiedades particulares.

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Desde el patio podemos acceder a las Bodegas, un espacio que a día de hoy acoge el Museo Etnográfico de Villarejo, un museo en el que podemos entender las costumbres y formas de vida del municipio, ya que nos habla de un pasado en el que los olivos, la vid y el cereal, junto con la ganadería eran la principal fuente de riqueza y sustento.

A parte de las grandes tinajas que como podemos ver en una inscripción conservada en la pared, son de la última reposición en 1763, sin duda la joya de este espacio es el suelo del lagar de vino blanco (hoy día sala de audiovisuales del museo). Construido con sillares irregulares de granito, formando una pequeña rampa para hacer el pisado de la uva y que el mosto se escurriese hasta el sumidero que va a dar a una de las muchas tinajas soterradas que se pueden apreciar irrumpiendo en el suelo de la bodega. Unas arcadas de medio punto separan los dos lagares, aunque el lagar de vino tinto no conserva el suelo original, ni la ventana por la que se tiraba la uva desde la calle, sabemos que en este espacio se construyó una prensa de uva, de la que aún quedan restos en las vigas de madera, un espacio que fue modernizado para agilizar el proceso.

La Casa de la Encomienda, hasta bien entrado el S.XVI, cumplía funciones administrativas y económicas ya que desde aquí se cobraban los impuestos a los viajeros y comerciantes que por allí pasaban.