Fuente lavadero del Cañuelo

Un oasis en medio del desierto.
Una parada en medio del camino.

Un manantial natural de agua fresca y dulce que surgía al lado de un gran árbol centenario de grandes e intrincadas raíces el árbol gordo del Cañuelo. Una parada agradable y reconstituyente antes de subir la empinada cuesta del Cañuelo, a la que no le faltaron coplillas de toda índole. El árbol ya no está, pero todavía hay quién lo recuerda, y suspira antes de subir la cuesta "¡qué buena sombra daba!".

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Alejado del casco urbano, este complejo hidráulico compuesto por pilón, rebosadero, abrevadero y lavadero, se construye en 1776. El lugar, que había sufrido varias modificaciones espaciales, recuperó su forma original gracias a unos trabajos arqueológicos que dejaron al descubierto elementos originales que se habían perdido y sepultado. Tal es el caso del pavimento empedrado de piedra caliza blanca que viene de canteras la zona, como es la famosa cantera de Colmenar de Oreja. Una característica redundante en muchos de los edificios que conforman el Conjunto Histórico-Artístico de Villarejo.

Conocer y reconocer la flora y fauna autóctona de la zona, nos puede ayudar también a completar la información de lo próspero que puede llegar a ser un pueblo. Desde aquí entendemos los paisajes de quejigos y encinares, de sauco y  tomillo que dan olor a los campos. Conejos y liebres, zorros y jabalíes, lagartos, culebras de escalera y las temidas víboras, son los moradores de estas tierras de contrastes.

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